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Dilemas de la paternidad

Cultura

 | 24/01/2017

Por: Victoria Dannemann

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La película Capitán Fantástico plantea interesantes reflexiones acerca de qué significa ser un buen padre, cómo preparar a los hijos para ser mejores personas y vivir en comunidad.
Ben (Viggo Mortensen) y sus seis hijos, de entre 7 y 18 años, viven en un bosque en medio de las montañas, alejados de la civilización. Allí cazan y cultivan lo que necesitan para alimentarse, se entrenan para mantenerse en forma y enfrentar eventuales peligros, practican escalada y defensa personal. Por casa, tienen una gran carpa y, en vez de ir al colegio, los niños son instruidos por el padre. El intensivo plan, que no descuida aspectos musicales e intelectuales, incluye lecturas como Los hermanos Karamazov para los menores y textos del lingüista y activista político Noam Chomsky. 
Este sistema de vida comienza a mostrar sus grietas cuando algunos sucesos sacuden a la familia. Leslie, la madre, sufre problemas siquiátricos y está internada en un hospital desde hace un tiempo. Ante su repentina muerte, Ben decide partir con los niños al funeral, a pesar de las amenazas de su suegro, quien lo culpa por la muerte de Leslie.
El viaje que plantea la película Capitán Fantástico, de Matt Ross, tiene que ver con cómo ser un buen padre y qué significa educar a un hijo, además de dar una mirada al concepto tradicional de familia. ¿Qué es lo más valioso que podemos entregar a nuestros hijos? ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? 
El descubrimiento de la vida moderna será un choque para los niños, por el contraste que supone con el estilo de vida que han llevado. No solo es la primera vez que ven edificios o televisores, sino también que se encuentran e interactúan con otros niños y jóvenes.
La parada en la casa de la hermana de Ben evidencia los opuestos estilos de crianza. Ben cultiva al extremo la honestidad y ante cada pregunta de sus hijos contesta con la más brutal sinceridad, ya se trate de la muerte, el sexo o la sociedad. Su hermana elabora una verdad menos dura o directa, con el afán de proteger a sus hijos, pero por otro lado se trata de niños que, a pesar de ir al colegio, poco han aprendido y casi su único interés son los videojuegos.
 
DEL SUEÑO A LA REALIDAD 
 
Los interesantes contrastes que plantea la película pueden caer en estereotipos, al presentar modelos tan extremos, como el antisistema de Ben. El hombre busca formar pensadores críticos y espíritus libres, pero al mismo lo ha hecho en forma autoritaria, sin dejarlos conocer el mundo exterior. El sistema presenta también contradicciones, como cuando el hijo mayor se da cuenta de que no sabe nada del mundo ni de cómo relacionarse con él. 
¿Habrá sido todo un hermoso error, como se pregunta Ben? La utopía parecía inquebrantable, pero desde el momento en que pone en riesgo la integridad física o emocional de los hijos, parece no tan perfecta. Asimismo, es así por el hecho de que no tienen la libertad para elegir por sí mismos.
Esta entretenida e interesante película, con las excepcionales actuaciones del grupo de niños y sus momentos irreverentes y disparatados, lleva a preguntarse qué modelos de crianza y educación estamos promoviendo, qué valores queremos fomentar en nuestros hijos y si les estamos dando las herramientas para que puedan desarrollarse como personas autónomas. 
A pesar de los errores cometidos por Ben, es inevitable preguntarse cuántas horas pasan los niños frente a un libro y cuántas frente a una pantalla. Quizás no es necesario escapar a las montañas para darles mejores herramientas y formar personas que puedan elegir por sí mismas qué caminos tomar y cómo contribuir a crear una sociedad mejor. MSJ