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Una mirada tras diez años de Aparecida: una Iglesia en salida, misionera, sinodal y martirial

Iglesia

 | 27/02/2017

Por: Luis Miguel Modino

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Aparecida retomó la opción por los pobres, hizo ver que todos somos discípulos misioneros. No podemos olvidar que el relator del documento fue el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio.

El Documento de Aparecida representó un cambio de perspectiva en la Iglesia latinoamericana y, porque no decirlo, en la Iglesia universal. No podemos olvidar que el relator de dicho documento fue el entonces Arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio.

Lo que deparó el futuro, tuvo como consecuencia que aquello que fue engendrado en Aparecida, de 13 a 31 de mayo de 2007, pasase a formar parte de los documentos y actitudes del Obispo de Roma, inclusive sin los recortes del texto original llevados a cabo en la sala de máquinas vaticana.

Aparecida retomó la opción por los pobres, propuso una conversión pastoral que lleva a colocar la misión como centro de toda actividad pastoral, hizo ver que todos somos discípulos misioneros a partir del Bautismo... ¿Qué es lo que ha quedado de eso después de diez años? ¿Cuáles fueron las resonancias, los avances, las resistencias, las metas alcanzadas, los nuevos escenarios que surgieron? ¿Cuáles son los desafíos, las perspectivas, las posibles y deseables pautas que nos esperan?

Para responder a estas y otras preguntas, se ha celebrado en Brasilia, del 20 al 24 de febrero, el VI Simposio de Misionología, con el tema “(Des)compases de una Iglesia en salida. Diez años de Aparecida a la luz de una Iglesia Sinodal y Martirial”, organizado por el Centro Cultural Misionero de Brasilia (CCM), las Obras Misionales Pontificias y la Red Ecuménica Latinoamericana de Misionólogos y Misionólogas (RELAMI).

El primer Simposio fue celebrado en 1999 en São Paulo. Después de un largo paréntesis, fueron retomados en 2013 y, a partir de entonces, han reunido todos los años en Brasilia a quienes pretenden reflexionar sobre este aspecto constitutivo de la vida cristiana. Este año han sido unos setenta participantes, entre ellos teólogos, misionólogos, investigadores, representantes de diferentes instituciones misioneras, así como agentes de pastoral llegados de todos los rincones del país, inclusive algunos de otros países latinoamericanos.

En el encuentro de este año se ha querido preparar el IV Congreso Misionero Nacional, que con el tema “Brasil en Misión: la alegría del Evangelio para una Iglesia en salida”, tendrá lugar en Recife, del 7 al 10 de septiembre de este año y que, a su vez, tendrá como perspectiva el V Congreso Americano Misionero (CAM), en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en julio de 2018, “América en Misión: el Evangelio es alegría”.

A partir de una perspectiva bíblica, iluminada por una de las grandes exponentes de la Lectura Popular de la Biblia, la religiosa javeriana Tea Frigerio, los participantes reflexionaron sobre la importancia de vivir las Bienaventuranzas en una Iglesia en salida, que debe ser una nueva forma de ser, vivir y evangelizar.

En opinión de la biblista, las Bienaventuranzas son una propuesta radical de discipulado que hacen diferentes las relaciones con los otros y con la creación. Por eso, el Papa Francisco nos llama a ser “pueblo de las Bienaventuranzas”, que crea comunidades alternativas al sistema de muerte. La misión hoy no es muy diferente de la del siglo I, los problemas son semejantes: descaso con los pobres, conflictos entre iglesias, poco compromiso social y con la justicia, marginación del diferente.

Tea Frigerio destaca el papel de la casa en la Biblia, como lugar de reconstrucción del entramado social y personal, como instrumento que marca la interligación entre realidades y personas, que engloba todo. Desde ahí no se puede continuar entendiendo la misión desde el proselitismo, que nos lleve a querer “hacer miembros de una religión o Iglesia”, y sí “practicantes de la Palabra”.

El pastor luterano Roberto Zwetsch, profesor de teología y misionología, señalaba como uno de los grandes problemas de la misión la falta de espiritualidad, provocada por una vida de muchas prisas, donde todo es demasiado urgente, donde la crisis marca el devenir cotidiano.

Sin embargo, el cristianismo parte de una realidad de crisis, la Cruz. El problema es que hoy muchos evitan la Cruz y con eso muestran una falsa comprensión de lo que es el discipulado. En ese sentido, en opinión del pastor luterano, Aparecida nos llama a no instalarnos, como Iglesia, en la comodidad, en la indiferencia, a no estar al margen del sufrimiento de los pobres. Desde ahí entiende la misión como sembrar esperanza en un mundo desesperanzado, aspecto reforzado por el Papa Francisco en Evangelii Gaudium.

El teólogo Agenor Brighenti, hablando sobre los (des)compases de Aparecida después de diez años, afirma que hoy, en América Latina, la reflexión teológica y el Magisterio de la Iglesia son realidades convergentes. En su opinión, la Iglesia en salida, en perspectiva misionera que propone Aparecida, es un proceso que todavía se está iniciando, pues no es fácil superar una etapa en la que se pretendía afirmar la Institución, evangelizar a los alejados y enfrentar a las sectas.

Hoy en día, según el padre Brighenti, la misión tiene como propósito ofrecer gratuitamente el mensaje del Evangelio, hacer presente el Reino de Dios en las diversas realidades, desde una perspectiva ecuménica. Señala la parroquia como estructura que dificulta la implantación del proyecto de Aparecida, pues perpetúa el clericalismo y restringe el papel protagonista del laicado, para quien no existe una formación adecuada, lo que impide la concretización de las ideas allí surgidas.

Los aspectos de sinodalidad y comunión, a partir del magisterio del Papa Francisco, han sido abordados por Paulo Suess, quien parte de la idea de que “el anuncio del Evangelio en el mundo actual puede ser y es la causa de nuestra alegría”. Desde esa perspectiva, entiende la “sinodalidad como la alegría de caminar juntos y vivir en comunión”, idea que nos remonta al Documento de Puebla (1979). Es necesaria la unión entre comunión y misión, pues “la comunión es misionera y la misión es para la comunión”.

Francisco nos lleva a entender, en opinión de Suess, la misión como “Iglesia en salida” y la sinodalidad como “práctica de la comunidad misionera”, que supera la centralización postconciliar, lo que dificultó la dinámica misionera. La sinodalidad impulsa la participación y la transparencia, y la comunión con los hermanos potencia el compromiso con la sociedad. Ambas ayudan a transformar las estructuras en el mundo y en la Iglesia.

Marcelo Barros, monje benedictino, muy unido a la figura de Helder Cámara, intentaba a partir de la herencia espiritual de quien fue arzobispo de Recife, voz de los pobres y constructor de una sociedad en diálogo, retomar la memoria de los mártires como instrumento para hacer realidad una Iglesia en salida. El martirio ha sido una realidad muy presente en la Iglesia latinoamericana, en las últimas décadas de personas relacionadas con la Teología de la Liberación, una larga lista de gente comprometida con el Reino de la Justicia.

Esta conversión pastoral tiene que concretarse en pasos y actitudes que lleven a la Iglesia a responder a cuestiones que resultan apremiantes hoy en día. En referencia a la Eucaristía, Marcelo Barros indicó que hoy en día corremos el riesgo de transformar la Cena del Señor en algo sacerdotal, distante de su verdadero significado. En su opinión, no es posible hacer una pastoral popular y tener que someterse a una Liturgia Romana, a la que muchos simplemente asisten sin entender casi nada.

Del mismo modo, hizo referencia al tema de la presidencia de la celebración eucarística por laicos y laicas, coordinadores de comunidades, aspecto defendido recientemente en la Asamblea de la Asociación Nacional de los Presbíteros por Monseñor Demetrio Valentini, obispo emérito de Jales. En muchas comunidades la Eucaristía es demasiado ocasional, no pasando de una o dos veces por año. No son pocos los que piden una reflexión que ayude a resolver este problema, cuestión esta ya planteada al propio Papa Francisco, quien siempre se ha mostrado abierto al diálogo.

Esta misión se hace hoy concreta como testimonio y profecía a través de diferentes experiencias, movimientos y pastorales en la Iglesia de Brasil. En este sentido, la experiencia misionera del CIMI, Consejo Indigenista Misionero, nos muestra cómo esa tarea se lleva a cabo en realidades periféricas, como es el trabajo con los pueblos indígenas, uno de los colectivos más perseguidos y privados de sus derechos fundamentales en la sociedad brasileña actual, lo que convierte su situación en un verdadero martirio, como daban a conocer el matrimonio formado por Cleber y Marline Buzzato, misioneros del CIMI.

El Simposio celebrado en Brasilia ha sido un buen momento para continuar reflexionando sobre los desafíos de la misión tras diez años de Aparecida. Tomar conciencia de las nuevas perspectivas surgidas de este momento importante para la vida eclesial latinoamericana es un elemento que puede ayudar a continuar construyendo esa Iglesia misionera, en salida, sinodal y martirial que surgió en aquel momento y que se ha convertido en una realidad cada vez más urgente e importante con el Papa Francisco, no lo olvidemos, el relator de Aparecida.

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Luis Miguel Modino. Corresponsal de Religión Digital en Brasil. Informaciones recogidas en pom.org.br. Fuente: www.periodistadigital.com/religion