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Trump: El muro de la vergüenza y la decandencia del imperio

sociedad

 | 30/01/2017

Por: Francisco Javier Sánchez, Religión Digital.

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La barrera que él pretende levantar es una vergüenza para la humanidad, en especial para sus vecinos mexicanos, centroamericanos y demás emigrantes. Y EE.UU. puede ahí estar cavando su propia sepultura cultural y humana.

La filósofa Hannah Arendt publicó en 1951 Los orígenes del totalitarismo, libro importante en el cual analiza los mecanismos de poder que ejercen ciertos líderes políticos para someter a la población; reduciéndole o quitándole totalmente su libertad. Observa los casos concretos del nacismo y del estalinismo. En ellos, personas ególatras de poder, como Hitler y Stalin, supieron manipular a la población y buscaron chivos expiatorios, como judíos, homosexuales, intelectuales, etc., que persiguieron y asesinaron cuando ellos llegaron al poder. La llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump nos hace pensar en un dictador más que llega a ensombrecer la historia de nuestra ya deteriorada humanidad.

Uno de los primeros actos nacionalistas de Trump ha sido ratificar su promesa de campaña presidencial: la construcción de un muro en toda la frontera de los Estados Unidos con México, que será pagado por los mismos mexicanos. Me parece que este acto valentón y de chauvinismo político indica la decadencia del imperio de los Estados Unidos.

Un imperio llega a su esplendor para debilitarse después, cuando, embebidos de su grandeza, niegan la necesidad de los otros. No necesitamos de los demás, sólo queremos crecer nosotros, construyamos una torre que llegue a los cielos, dijeron habitantes de oriente cuando empezaron la construcción de la torre de Babel (Génesis 11).

El muro que pretende construir el sr. Trump no sólo es una vergüenza para la humanidad, en especial para sus vecinos indeseados los mexicanos (centroamericanos y demás emigrantes), sino que también es símbolo del aniquilamiento como nación de los Estados Unidos. En ese muro ellos están cavando su propia sepultura cultural y humana.

Los Estados Unidos, más que ninguna otra nación en el mundo, se han formado gracias a la colaboración de los migrantes llegados de todas partes del mundo. Amurallarse materialmente a ellos mismos es negar la necesidad de los otros. Lo que pierde a un individuo es el egoísmo y a una nación el nacionalismo. Síntomas del mismo mal: la soberbia humana.

Vivimos en el mundo un resurgimiento tremendo de la soberbia humana, tanto a nivel individual como social. Contamos con personas y sociedades con mayores proezas técnicas, pero más vacías y solitarias. Pareciera ser que la religión (cualquiera que esta sea) no nos ha servido de nada. El Sr. Trump ha jurado sobre una Biblia cristiana. El conocimiento de errores históricos tampoco nos ha servido: se derriban muros en algún lugar del mundo para construirlos en otros.

Los dictadores hablan el mismo lenguaje sean de izquierda o de derecha. Y mientras algunos líderes nacionalistas hablan de enaltecer a sus países (estadounidense, franceses, ingleses, etc.), la gran mayoría de la población mundial sigue añorando contar con un pan y un techo para dormir.

Trump debiera saber que finalmente todos somos extranjeros y que estamos en una tierra que no nos pertenece. Somos constantes viajeros y peregrinos del mundo buscando la tierra prometida que Cristo llamó el Reino de Dios.