Importancia del Papa Francisco

Al encarnar la opción por los pobres, el Papa une y reconcilia el catolicismo latinoamericano ilustrado, promovido por el Vaticano II, y la religiosidad popular.

El Papa Francisco debiera ser recordado como un Papa «franciscano». Jorge Bergoglio es un jesuita, pero es también heredero de una de las tradiciones más queridas de la Iglesia. Francisco encarna al santo de Asís: se ha identificado con los pobres, ha procurado la reforma de la Iglesia y, quizás lo más importante, ha hecho un clamoroso llamado a salvar la creación. Nunca antes la humanidad (y muchas otras especies) se había hallado en peligro de extinción.

Esta última razón hace que Laudato si’ sea la encíclica social más importante después de Rerum Novarum (1891). En ella, el Papa hace un llamado a amar el mundo y el planeta como lo hace el Creador. Es preciso atender al «clamor de la Tierra y al clamor de los pobres». Los seres humanos son responsables de un daño socioambiental sin precedentes. No han cuidado la creación que les ha sido encargada. La están destruyendo. La conversión es imperiosa. La situación exige una actualización ecológica a las espiritualidades e instituciones eclesiásticas. No debiera extrañar que Laudato si’ haya sido leída con interés por personas no cristianas.

Francisco, además, impulsa una reforma de la Iglesia. La Iglesia entera tendría que revisar su manera de ser. No se trata solo de hacer ajustes en la Curia romana. El mismo Papa ha dicho que él quiere impulsar procesos de cambio. No se pueden esperar resultados de un día para otro. El Sínodo recién finalizado debiera ayudar a terminar con modos de ser Iglesia que no dan para más. Las y los laicos, la vida religiosa en general, y algunos sectores del clero (aunque a pesar de otros) se empeñan con entusiasmo en convertir la Iglesia a la sinodalidad (menos jerarquía, más fratenidad).

Francisco es también el Papa de los pobres. Tempranamente, los católicos advirtieron en el nuevo Papa un cambio de estilo. Con él, la máxima autoridad de la Iglesia indicó al pueblo creyente que la pompa y los revestimientos curiales, vestimentas, protocolos y toda suerte de separaciones entre una casta sagrada y los demás miembros del Pueblo de Dios han tenido muy poco que ver con el galileo humilde que fue Jesús de Nazaret. Sus gestos de acercamiento a los pequeños y su magisterio han encarnado al Hijo de Dios, que «se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (2 Cor, 8, 9).

Francisco es también el Papa de los pobres. Tempranamente, los católicos advirtieron en el nuevo Papa un cambio de estilo.

Sobre esta opción hay mucho que decir. Francisco es el Papa de la Iglesia latinoamericana que, en Puebla (1979), formuló su opción preferencial por los pobres. La elección de Francisco, al menos simbólicamente, representa de un modo insigne a esta Iglesia y la contribución de ella en el magisterio universal. Juan Pablo II promovió esta opción por doquier. Benedicto XVI, en Aparecida (2007), hizo de ella un requisito para ser cristianas/os.

Pero también, respecto de la Iglesia europea, Francisco marca una diferencia histórica de máxima importancia. Él es el primer Papa latinoamericano. Es un buen ejemplo, al igual que el del Vaticano II, de aquella «Iglesia mundial» de la que habló Karl Rahner. Rahner vio en el Concilio un giro tan importante como el del Concilio de Jerusalén, que autorizó a San Pablo para hacer una inculturación griega del judeo-cristianismo. Hoy está en juego una inculturación del cristianismo en todas las culturas de la tierra. La principal tensión, en consecuencia, se da entre las iglesias no europeas y la Iglesia romana. El catolicismo latinoamericano, y el de los demás continentes, en unas partes más que en otras, resiste a seguir siendo colonizado por una versión romana de la Iglesia católica.

Es posible ir aún más lejos. Al interior del mismo catolicismo latinoamericano, Francisco tiene gran relevancia. Al encarnar la opción por los pobres, el Papa une y reconcilia el catolicismo latinoamericano ilustrado, promovido por el Vaticano II, y la religiosidad popular. El Concilio impulsó en América Latina y el Caribe un modo de ser Iglesia que atendió a los signos de los tiempos y puso la Biblia en las manos de los pobres. Pero la ilustración conciliar, llevada a efecto por la Teología de la liberación, al menos en los comienzos, fue iconoclasta. Embistió contra las imágenes de la fe tradicional como si esta fuera un mero «opio del pueblo». En un segundo momento, empero, la teología latinoamericana descubrió que los pobres han de ser sujetos de su propia liberación e incluso teólogas/os de la misma. Así las cosas, ha sido más fácil entroncar la ilustración conciliar religiosa latinoamericana con el catolicismo tradicional. Por esto, no extraña que Jorge Bergoglio, fiel representante de la Teología argentina del pueblo, haya sido aplaudido desde el primer momento por las y los teólogos de la liberación.

Dado todo lo anterior, Francisco ha sido el Papa que la Iglesia de este continente necesitaba. Otras iglesias podrían decir lo mismo. Sea lo que sea, el Papa, en lo que lleva de pontificado, ha cumplido con una misión de enorme alcance territorial y pastoral.


Fuente: https://jorgecostadoat.cl/wp/es / Imagen: pnijhuis – FreeImages.

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