Jesús nos revela a un Creador que no solo diseñó este vasto universo, sino que lo sostiene con el latido de su amor.
Imagina un reloj. Un mecanismo preciso donde cada engranaje, cada tornillo, está en perfecta sincronía. Los científicos han estudiado el universo de la misma manera: como un conjunto de leyes y fuerzas que trabajan en armonía, desde la gravedad que nos mantiene en la tierra, hasta las diminutas partículas que forman todo lo que vemos. Para muchos, este orden es prueba de la complejidad del mundo, pero también plantea una pregunta profunda: ¿de dónde viene todo esto?
La filosofía ha buscado respuestas durante siglos. Algunos piensan que todo es azar, que el universo simplemente es. Otros creen que debe haber una causa mayor, algo o alguien que haya dado origen a tanta perfección y belleza.
Algunos piensan que todo es azar, que el universo simplemente es. Otros creen que debe haber una causa mayor.
El Evangelio nos ofrece una verdad que va más allá de lo que los sentidos pueden captar o la razón explicar por completo. Jesús nos revela a un Creador que no solo diseñó este vasto universo, sino que lo sostiene con el latido de su amor. Somos mucho más que piezas en un sistema cósmico; somos seres profundamente amados, creados con un propósito único y eterno. Dios no nos deja en la fría indiferencia de un universo mecánico. Nos llama por nuestro nombre, nos invita a vivir en la plenitud de su gracia, a descubrir que en el centro de todo está su amor incondicional.
Seguir a Jesús es adentrarse en ese misterio, en esa verdad profunda que transforma cada rincón de nuestra vida. Ser parte del Reino de Dios es mucho más que un destino futuro; es una realidad que empieza aquí y ahora, en cada gesto de amor, en cada acto de justicia, en cada palabra de compasión. Cada uno de nosotros es invitado a ser un reflejo de ese amor divino, un instrumento de su paz en el mundo.
No hay nada más hermoso ni más grande que vivir para aquello que perdura, para ese Reino donde cada acción, por pequeña que sea, se convierte en una chispa de eternidad.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.