La siempre imprescindible ritualidad o «el año más»

Otro tipo de frecuencia sagrada o religiosa que, sin ser institucional, ayuda a la comunidad a entenderse a sí misma.

Es un hecho constatable que las comunidades humanas necesitan de ritos, de sonoridades y de expresiones estéticas para poder organizar su lugar en el mundo. Hay algo así como una práctica civil de lo religioso (no vinculado directamente a la institución religiosa) que establece momentos específicos en donde las imágenes acostumbradas tienen mayor relevancia. Recuerdo haber leído en algún libro de Gastón Soublette cómo la ritualidad marcó, en parte, nuestra configuración social originaria. A través de los ritos los seres humanos nos convertimos en animales de tradiciones, de cuentos, de comidas, de expresiones afectivas, de formas de ser más complejas porque la ritualidad en sí misma es compleja.

Cuando me toca analizar el fenómeno religioso en mis clases de la universidad pongo los mismos ejemplos: si tú comes lentejas cualquier día del año es un plato más de comida. Si comes lentejas el 31 de diciembre ese mismo plato adquiere un relato, un sentido y hasta un sabor distinto. Hay cosas, productos alimenticios, vestidos, aromas, expresiones corporales que se transforman en símbolos, es decir, en formas de vinculación afectiva. En su libro sobre las mitologías, Roland Barthes habló del mito como un habla para significar que cuando las cosas son activadas por el relato adquieren un sentido sagrado o fundacional. El mito habla de los orígenes y a través del rito nos hacemos contemporáneos del mito, de nuestras fundaciones, de nuestros amasijos. La ritualidad permite el despliegue de nuestro ser animales simbólicos, porque, como dijo E. Cassirer, el símbolo es ese espacio intermedio entre la captación de los estímulos y su respuesta en cuanto el símbolo es capaz de dar un lenguaje más dinámico para la comprensión y organización del mundo.

En su libro sobre las mitologías, Roland Barthes habló del mito como un habla para significar que cuando las cosas son activadas por el relato adquieren un sentido sagrado o fundacional.

De algún modo, la muerte de Tommy Rey pasa de ser el fallecimiento de un sujeto particular, una «muerte más», a ser una muerte simbólica o cargada de relatos fundacionales. El «Año más» tomó una forma de exorcismo de la mala suerte y de la apertura al tiempo nuevo. El problema del tiempo supura y se cicatriza con la música y sus símbolos. Por ello se entiende que muchos ciudadanos de a pie recordasen las fiestas familiares, ese auténtico útero materno que nos da cobijo y que nos permite completar el vacío que muchas veces se alza en medio del espacio cotidiano. Tommy Rey, la cumbia, la comida en la mesa, la comida que preparó la abuela, la mamá, los asados del papá, los tragos del tío que ponía la música en la fiesta, el cotillón, los que no están, los que vienen en camino. La ritualidad es cotidiana, no es mera teoría. La tradición trabaja 24/7. Es aquí donde aparece la intertextualidad, esa idea de potencia que M. Batjin propone para mostrar que un relato está hecho de retazos, de restos de otros tejidos. Aparece toda una red de significados en torno a un aspecto particular. Así es cómo se va armando una síntesis rica y compleja que es difícil de comprender porque supera la mera materialidad de la cosa visible y abre un espacio de lo real que, como dijo Derrida, está marcado por el resto, por eso imposible de cerrar.

Una última idea: la muerte adquiere potencia. Es cosa de mirar desde la perspectiva semiótica lo aparecido luego del fallecimiento de Tommy Rey para darnos cuenta de cuáles son los relatos que, entre meme y meme, post y post, conversación y conversación aparecen: «Chile queda en un bucle para siempre», declarar duelo nacional, fiestas callejeras, el exceso de la danza popular en medio de la muerte, la activación de los márgenes simbólicos, el nuevo sentido que tomó la música tropical. La muerte adquiere potencia simbólica. Es otro tipo de frecuencia sagrada o religiosa que, sin ser institucional, ayuda a la comunidad a entenderse a sí misma.

El relato se abre para siempre.


Imagen: Pexels.

logo

Suscríbete a Revista Mensaje y accede a todos nuestros contenidos

Shopping cart0
Aún no agregaste productos.
Seguir viendo
0