Aprender a relacionarnos con la realidad con Dios en el horizonte no es una tarea fácil, pero para la que sin embargo podemos contar con la Creación entera en nuestra ayuda.
Uno de los bulos más enraizados en la historia, extendido a lo largo de los siglos, es la idea de que para los cristianos las cosas de la tierra son «malas», en oposición al Cielo. Es uno de los prejuicios y ataques más frecuentes que se pueden oír cuando se abre el debate religioso. Con frecuencia, quienes difunden esta idea echan mano a un puñado de frases y versículos sacados de contexto, sea de las Escrituras o de los mismos santos.
Sin embargo, basta comenzar a revisar el Credo (los puntos más básicos e inamovibles de nuestra fe) para descubrir la insensatez de proponer este argumento. Estas cinco palabras, «por quien todo fue hecho», nos invitan a preguntarnos por cómo nos relacionamos con la Creación (los seres humanos, el medio ambiente, los animales, la tecnología, el universo, etc.) y con su Creador.
Del estudio de las cosas se encarga la ciencia en cada una de sus disciplinas. Pero preguntarnos por las cosas que forman el mundo supone en último término preguntarnos por quién las creó, y qué mano (o qué sentido) existe detrás. Este principio de la fe abre la puerta a relacionarnos sin miedo con toda la realidad que nos rodea, pero también nos ofrece un modelo de Creador al que imitar (sin pretender suplantarlo). Así, podemos descubrirnos liberados de dos peligros: el de temer la Creación, como si nos fuera una amenaza, y el de abusar de los bienes con el único criterio de la utilidad o el beneficio que podamos «sacar» de ellos. Todo lo creado, bien mirado, tiene la firma de Dios en cada rincón.
Preguntarnos por las cosas que forman el mundo supone en último término preguntarnos por quién las creó, y qué mano (o qué sentido) existe detrás.
Aprender a relacionarnos con la realidad con Dios en el horizonte no es una tarea fácil, pero para la que sin embargo podemos contar con la Creación entera en nuestra ayuda.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.